Héctor Abad Gómez e hijo

Hace poco he leído un libro sobre un padre extraordinario. Héctor  Abad Faciolince escribe en “El olvido que seremos” un homenaje a su padre, el doctor colombiano Héctor Abad Gómez, que murió asesinado por defender sus ideas y poner en marcha muchos proyectos sanitarios para ayudar a los más pobres de su país.

Pero una de las facetas de este hombre que más me llama la atención es la de padre. Su consigna era amor y apoyo entusiasta e incondicional a su hijo, con una intensidad y constancia apabullantes. Nunca hacía críticas, no a los reproches, no a los castigos ni reprimendas. Sólo frases de aliento, gestos de cariño y frases motivadoras. Siempre. Hasta el día de su muerte.

Es impresionante el gran número de anécdotas de este tipo que cuenta su hijo. Su padre ni una vez perdió los nervios con él, nunca se agotó su paciencia, y si alguna vez sintió desánimo o decepción pensando en su hijo jamás se lo dijo.

Y no era porque él no le diera oportunidades de grandes broncas. Estaba tan perdido como cualquier otro adolescente y cometía tantos errores como los demás. No fue un buen estudiante, se casó muy joven y tuvo un hijo mientras su padre lo mantenía económicamente, tanteó varios trabajos y profesiones, etc., pero en su padre siempre encontraba una frase de aliento, un abrazo, un no te preocupes y tómate tu tiempo hasta que encuentres tu camino, no me importa darte dinero, me hace tremendamente feliz ayudarte y confío en ti, confío en ti, confío en ti.

Cuenta su hijo que cuando era adolescente sintió el deseo de “matar” a su padre, que ese refuerzo constante e inagotable, incluso cuando no se lo merecía, estuvo a punto de volverlo loco por la dificultad de estar a la altura de un ser excepcional, que la falta de antagonismo con su progenitor le resultó insoportable hasta el punto de que se fue a vivir al extranjero durante unos años (también financiado por su padre) para poder alejarse de él y descubrir quién era.

No me extrañó. Los adolescentes beben rebeldía como si fuese agua, y sus primeros contrincantes siempre son sus padres. Necesitan distanciarse del modelo para madurar, dejar de necesitar el referente para cortar el lazo e independizarse cultural y emocionalmente, necesitan formar parte de una nueva generación con nuevas normas y costumbres.

También es normal que a los padres nos cueste mucho dejar de verlos como niños y empezar a considerarlos como los adultos que van a ser, y esto suele llevar acoplada una fase de desencanto mutuo, de ajuste natural, que ambas partes deben superar no sin cierta dosis de sufrimiento.

En ABC Children estamos convencidas de que el refuerzo es fundamental para los hijos, gestos y frases de cariño, el apoyo, el reconocimiento a su esfuerzo y sus logros son la mejor recompensa que pueden tener los hijos para ser felices y responsables en el futuro. Sin embargo también pensamos que son necesarias las consecuencias negativas cuando las cosas no van tan bien, cuando hay desidia, vagancia, desobediencia, etc. El mundo está lleno de adultos depresivos, ansiosos o caprichosos por haber sido mimados en exceso durante su infancia. Por no haber aprendido que si no nos esforzamos en hacer lo correcto hay consecuencias negativas esperándonos a la vuelta de la esquina, por eso es mejor aprender esto desde pequeños.

Bien, ¿y qué sucedió con el autor de nuestro libro? Pues a pesar de haber sido un niño mimado en exceso, con un padre tan bueno y comprensivo que no parece real, es hoy en día un reputado escritor, una buena persona, como se suele decir, que supo aprovechar las enseñanzas de su padre y ser hoy un hijo agradecido.

A veces pasan estas cosas, como pequeños milagros.