romperconstructivoAlgunos niños pequeños no saben qué hacer cuando se sienten muy frustrados y reaccionan con violencia con las cosas que tienen alrededor. Eso suele generar mucha tensión en los padres. Además de que se pueden estropear las cosas también corremos el riesgo de que el propio niño u otra persona de la casa pueda hacerse daño, así que todo suele terminar con un castigo severo y, por supuesto, mayor frustración, tanto en padres como en niños.

Por un lado debemos pensar que esa frustración puede venir de que el niño no tiene los recursos necesarios para gestionar su enfado, muchas veces ni siquiera sabe explicar la razón, así que mucho menos resolverlo de manera tranquila. Por eso, cuando ya esté más sereno, es importante analizar con él qué ocurrió, qué sucedió antes, durante y después del suceso en cuestión, y sugerirle otras alternativas menos violentas para que las utilice en el futuro. Es bueno insistir en que enfadarse no es malo, todos nos sentimos enfadados en algún momento y es algo natural, pero tenemos que aprender a controlar las reacciones violentas, tanto verbales como conductuales.
Pero para el caso puntual de que dé un portazo, tire objetos o los rompa, nosotras solemos emplear una táctica bastante eficaz.
Pongamos que un niño de unos seis años se enfada por algo, papá le dice que no o tiene un conflicto con su hermana, y lo paga con la puerta cerrándola de golpe.
Lo retiramos de ese lugar con firmeza y dejamos que pasen unos minutos para que se tranquilice y después le decimos, serios pero tranquilos, que en todo el día no puede tocar las puertas de la casa. No va a poder abrir o cerrar ninguna porque “no ha aprendido” a manejarlas adecuadamente, así que, durante ese día, no está autorizado a tocarlas.
Si lo que hace es tirar una silla le diremos que durante ese día no podrá sentarse en ninguna y tendrá que comer de pie, mientras el resto está sentado, y si lanza un coche de juguete se le retirarán los coches de su cuarto a una caja, por ejemplo, porque no sabe jugar con ellos y se van a romper.
Esto desconcertará al niño y, aunque diga que no le importa, intentaremos mantener esa consecuencia durante todo el día sin darle mayor importancia.
Al día siguiente le preguntaremos si cree que ya aprendió a manejar las puertas, si es capaz de hacerlo, y es muy probable que nos diga que sí. Entonces le pediremos que nos lo demuestre abriendo y cerrando una puerta con cuidado, o sentándose en una silla correctamente. Entonces sonreímos y le decimos que estamos muy contentos de que ya sepa hacerlo, y que esperamos que lo haga así en adelante.
Suele funcionar muy bien. Aunque por supuesto no quita que vuelva a hacerlo en el futuro, por eso tenemos que volver a insistir en que comprendemos que algún día se sienta enfadado pero que eso no implica que pueda golpear cosas y que si vuelve a hacerlo quizá se pase más de un día sin tocarlas.
Lo más importante es que nuestro hijo aprenda a controlar sus reacciones violentas, por supuesto, pero en lugar de castigarle, o que él lo perciba como un castigo, lo que hacemos es aludir a que no es capaz de hacer algo correctamente, y esto suele fastidiarle mucho más, así que es probable que quiera demostrarnos que lo hace bien de ahora en adelante porque “ya sabe hacerlo”.