mafalda hermanos

Sara, una niña de sólo tres años, se ha inventado de repente que tiene muchos hermanos. Y no sólo eso, también muchos tíos y primos. Cuando va en coche con sus padres, Sara va señalando las casas al azar diciendo muy seria: “Ahí vive mi tío”, “en esa casa vive mi hermano”, y cosas por el estilo. Cuando la madre la enfrenta con la realidad de que la niña no tiene hermanos, Sara asiente, lo sabe, pero sigue con esa especie de fantasía.

-¿Sabe tu hija qué es un hermano? -le pregunto a la madre.

Cara de desconcierto.

-¿Sabe tu hija qué es un tío?

Más desconcierto.

Yo todavía recuerdo la cara de sorpresa de mi sobrina de cuatro años, con una abuelitis de campeonato, cuando le dije que su queridísima abuela era nada menos que mi mamá, y para demostrárselo le di a mi madre un achuchón con cierto tono de burla. Menudo cabreo pilló. A partir de ahí mi sobrina empezó a pensar en lo que significa ser tía, sobrino, prima, etc. Lo de suegra, yerno o cuñado sigue sin entenderlo muy bien, pero paciencia, conozco a muchos adultos que todavía no lo tienen muy claro.

Sara no preguntó a sus padres por qué no tenía hermanos sencillamente porque no sabe que la cosa depende de ellos. Es posible que Sara piense que los hermanos y los tíos son niños o adultos a los que se llama de esa forma por puro azar. Cualquier compañero de su autobús escolar podría ser un hermano o hermana potencial, pero por alguna razón desconocida para ella no lo son.

Algunos niños no se dan cuenta de estas cosas hasta tener algunos años más, pero quizá por comentarios en el colegio o por un deseo de que haya más compañeros de juego en casa, por ejemplo, Sara se ha fijado en la cuestión del parentesco cuando sólo tiene tres años, y es probable que, si su madre le explica en qué consiste tener un hermano o que sus dos tíos son hermanos de su padre, desaparezca la fantasía por sí sola.

Eso sí, es probable que a partir de ahora acose a su padres con la temida pregunta:

-¿Y cuándo voy a tener un hermanito?