Me comentaba un padre lo que él haría para proteger a sus hijos de los peligros de las drogas: Prohibírselas.

Sus hijos, menores de diez años, jugaban en el parque tirándose por el tobogán, pendientes de que papá observase su valentía.

Reconozco que me hizo gracia lo contento que parecía con aquella solución tan simple, que por lo visto no se le había ocurrido a nadie, convencido de que sus hijos obedecerían sus instrucciones al pie de la letra cuando llegaran a la adolescencia.

Le pregunté si, cuando él era joven, había consumido drogas alguna vez y admitió que sí, le pudo la curiosidad y la excitación de hacer algo “de mayores”, de ser mayor él mismo por fumar y beber con postura indolente, a la vista de todos. Y a pesar de llegar a casa haciendo eses y vomitar en la cocina, a pesar del disgusto de sus padres y de estar castigado sin salir durante todo el mes, repitió.

Cuando nuestros hijos son pequeños les decimos que digan No a las drogas, y ellos asienten muy serios, prometiendo que nunca lo van a hacer, porque se imaginan las drogas como si fuese cianuro. Pero la cuestión es que cuando crezcan y vean a otros consumirlas, y que además no solo no se envenenan de manera fulminante sino que parece que se lo están pasando muy bien y son los más populares del grupo, entonces empezarán a preguntarse cómo será en realidad eso de tomar drogas y si será tan espantoso como le dijeron de pequeño.

Pero quizá piense que a su padre no le puede preguntar nada porque la consigna siempre fue “prohibido probarlas”, tenía que decir No y punto, ni siquiera se podía mencionar el tema en casa. Entonces, como no había nadie a quién preguntar, se resistió un tiempo pero al final probó, y tuvo que descubrir por sí mismo sus peligros, por ensayo y error, sin saber dónde estaba la línea roja.

La moraleja siempre es la misma, los padres y madres deben informar y supervisar, no eludas ningún tema.

No os perdáis este magnífico vídeo ilustrativo. Podéis verlo con vuestros hijos y aprovechar para charlar con ellos sobre drogas.