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¡Todos recordamos ese momento en que nuestro pequeño hijo o hija pronunció por primera vez la palabra no. ¿Vamos a la bañera?, no. ¿Quieres la merienda?, no. ¿Visitamos a los abuelos?, no. Al principio sonreímos con ingenuidad hasta que nos damos cuenta de que cualquier proposición por nuestra parte obtiene siempre la misma respuesta: No. Nos desesperamos ante ese pequeño monstruo que responde no incluso ante cosas que deberían gustarle, y quizás nos veamos en la paradójica situación de ir al parque entre gritos enrabietados sin entender el porqué de dicha actitud incoherente, cuando estamos convencidos de que se lo va a pasar tan bien.

Los bebés no preguntan si pueden hacer tal o cual cosa. Sencillamente la hacen, cogen una figura de porcelana, salpican agua del lavabo, encienden y apagan la tele, etc. Los padres y madres no dicen sí cuando le permiten realizar una acción, sino que le dejan que lo haga sin más, en cambio sí que le decimos no cuando no queremos que haga alguna cosa, y desde muy temprano los bebés escuchan la palabra no muy a menudo, quizás sea la que más escuchen a lo largo del día.

Por tanto es lógico entender que la palabra no sea una de las primeras que aprenden, y no sólo a pronunciarla sino que a medida que la practican una y otra vez (diciendo que no a todo), comienzan a comprender su significado real: la capacidad de decidir sobre uno mismo.

Decir no es un salto cualitativo muy importante en nuestro proceso madurativo. De repente el pequeño se da cuenta de que no es mucho más que una palabra fácil de pronunciar, es toda una declaración de intenciones. Con el no vienen aparejadas muchas otras cosas que un crío no puede expresar pero que siente con gran claridad en su interior, nos está diciendo que es una persona independiente de sus padres, que puede tomar una decisión por su cuenta aunque no coincida con la nuestra, y que no somos totalmente dueños de su destino.

¡Pero si todavía es muy pequeño! Sí, todavía es muy pequeño, pero ese largo camino hasta que nuestros hijos sean adultos responsables comienza desde el momento en que nacen. Valoremos pues ese primer paso hacia su autonomía que supone decir no, e intentemos disfrutarlo, aunque a veces nos saque de quicio.