Esta parece una demanda recurrente de nuestros hijos/as adolescentes. Al final cedemos porque la cosa tiene ventajas: no más angustia cuando lleguen tarde, no más espera para saber cómo le ha salido un examen, saber siempre dónde está…

Pues no. Sonará su teléfono pero no descolgará nadie. Verás el doble click del whatsapp, vigilarás hasta que se ponga azul, pero no habrá respuesta. Te despertarás a las cuatro de la madrugada y su teléfono estará apagado o fuera de cobertura

Por supuesto que, dependiendo de la edad, los problemas son diferentes, pero para que esto funcione tiene que haber reglas claras, y lo más importante: Cumplirlas.

Nuestra recomendación es seguir unas pautas básicas, que dependerán de la edad:

-Horario de utilización de lunes a viernes y en fin de semana.

-No descuidar horario de estudios

-Asumir supervisión y control de contenidos de internet y juegos

-Obligación ineludible de responder a nuestras llamadas

Debemos dejar bien claras las consecuencias si no cumplen su parte del trato. Consecuencia no es sinónimo de castigo, si conocen la norma es su responsabilidad seguirla y acatar los efectos de transgredirla.

La consecuencia debe ser justa, proporcionada e inmediata, y el objetivo es, sencillamente, que no repitan aquello que no han hecho bien.

En este caso, en principio podría bastar con retirar el teléfono 24 horas, por ejemplo, sin admitir excusas de ningún tipo. Cuando se lo devolvamos seguro que se lo piensa mejor la próxima vez.

El juez Calatayud lo tiene bastante claro.

http://www.granadablogs.com/juezcalatayud/2017/06/hace-tres-anos-que-le-compre-un-movil-a-mi-hijo-y-todavia-no-me-lo-ha-cogido-ni-una-sola-vez/