insRecientemente se ha creado mucha polémica por un libro titulado “Cásate y sé sumisa” publicado por la diócesis de Granada. Al margen de las ideas religiosas que tenga cada uno, no debemos olvidar que la sumisión es uno de los factores fundamentales en el maltrato, por ello cualquier apología de la sumisión está desprotegiendo a las víctimas potenciales.

Los varones maltratadores suelen estar afectados por numerosos sesgos cognitivos relacionados, por una parte, con creencias equivocadas sobre los roles sexuales y la inferioridad de la mujer, y por otra con ideas distorsionadas sobre la legitimidad de la violencia como forma de resolver los conflictos (no olvidemos que el arzobispo promotor del libro ha dicho que una mujer que ha abortado puede ser justamente humillada y violada por cualquier hombre). Así, estos hombres conciben a la mujer como una propiedad, como una persona que debe ser sumisa y controlable, aderezado por una desconfianza y hostilidad ante las mujeres.

Los defensores de esta idea dirán que ser sumisa no implica necesariamente ser maltratada, pero es jugar con fuego y aumentar las probabilidades de que se produzca violencia de género. Promover la sumisión de la mujer al hombre declara que la mujer es inferior al hombre, por mucho que la autora del libro diga lo contrario, y ser dominada, controlada y humillada no suele producir la sensación placentera y feliz que propone el libro sino al contrario, numerosos estudios demuestran que las consecuencias son baja autoestima, aislamiento, indefensión aprendida y depresión.

Sorprende que en un momento de cambio y renovación en la iglesia católica, cuando el nuevo papa parece dispuesto a reconsiderar dogmas anticuados o por lo menos a adaptarse a los tiempos actuales, surja el descontento entre algunos fieles que prefieren mantenerse anclados al pasado remoto. Pero afortunadamente no vivimos como hace dos mil años. Hoy nadie cuestiona que los padres son modelos de conducta para los hijos y que muchos maltratadores repiten lo que vieron de pequeños en su casa, por ello manifestar públicamente que la mujer debe ser sumisa es algo tan trasnochado y peligroso que no se puede admitir en una sociedad moderna y evolucionada. Sinceramente cuesta imaginar a una madre de nuestros días adoctrinando a sus hijas para abordar sus relaciones de pareja desde la dependencia, la sumisión y la obediencia. Antes bien, me imagino a la gran mayoría de madres y padres recomendando independencia económica, libertad de elección, formación y trabajo, compartir tareas, colaborar en la crianza de hijos e hijas, tolerancia, etc.

Los que nos dedicamos a la terapia familiar sabemos mejor que nadie que las relaciones de pareja son complicadas e insatisfactorias en muchas ocasiones, pero incluso en los malos momentos deben estar basadas en la confianza, la protección, el respeto a los gustos del otro, la comunicación y la ayuda al crecimiento emocional y espiritual. La sumisión no pinta nada en este asunto y, en cualquier caso, las relaciones de pareja son cosa de dos, no de uno, y mucho menos de un prelado que no defiende esta ideología machista por ser obispo, sino por ser un mal obispo.