Conozco un padre que llevó a sus hijas a manifestaciones de todo tipo desde muy pequeñas. “Hay que protestar” era su frase preferida para estas ocasiones. Y como él, otros padres y madres les han enseñado a sus hijos que para cambiar las cosas o eliminar las injusticias hay que protestar, y cuanto más mejor.

Los niños de ahora protestan, es una verdad incuestionable. Las generaciones anteriores acataban las normas con sumisión, y si las cuestionaban era con la boca pequeña. Los padres tampoco solían ir al colegio a proclamar que tal o cual regla era imperfecta y debía cambiarse, y mucho menos por algo tan nimio como el clima.

-¿Qué tienen calor? Pues que se aguanten -debieron decir-. Este uniforme no ha cambiado durante doscientos años y no vemos motivo para hacerlo ahora.

Pues los alumnos sí que vieron un motivo y, ya que la norma especificaba que debían asistir a clase en uniforme oficial, decidieron ponerse el uniforme, pero el de las niñas. Ingenioso, desde luego.

En cualquier caso debemos ser consecuentes. Si nos parece bien que nuestros hijos protesten en este caso, también deberíamos comprender que lo hagan contra otras que imponemos como padres, sobre todo a medida que crecen. Nos conviene ser flexibles en algunas cosas y negociar, porque quizá aquello que veíamos incuestionable no lo sea tanto. Los tiempos cambian.

La esperanza de los alumnos es que la escuela reconsidere su política sobre los shorts como resultado de la protesta

Publicado por BBC Mundo en Jueves, 22 de junio de 2017