children playingImaginemos una situación: Organizas una cena con amigos y amigas en tu casa. Después de cenar todos pasan a tu habitación y empiezan a probarse ropa de tu armario, rebuscan en tus cajones, desordenan tu joyero o abren la cartera para jugar al monopoly con tus monedas y tarjetas de crédito, y finalmente cogen las llaves de tu coche y se van a dar una vuelta.

¿Qué tal suena? Horrible, ¿no?, pues eso más o menos es lo que puede sentir nuestro hijo o hija cuando les obligamos a compartir sus juguetes, ya que para ellos son sus objetos más queridos y personales.

Hay que compartir es una de las frases que más veces se repiten a los niños pequeños, en el parque, en la playa, en casa de los abuelos, incluso en su propia habitación. ¿Pero realmente los adultos compartimos todas nuestras cosas? No, todos estamos dispuestos a prestar o regalar todo aquello que nos importe menos pero nuestros objetos más personales no son compartibles. Seguro que nuestro hijo no plantea problemas para prestar a un amigo un pijama o unos calcetines cuando han llegado mojados del colegio, pero prestarle su cuento preferido o sus muñecos más queridos es otra cuestión.
Cuando un niño se queja porque no quiere compartir sus juguetes debemos ponernos en su piel antes de obligarlo, y negociar con él qué cosas quiere reservar para sí mismo sin que nadie más las toque. Los niños pequeños asumen muy bien los compromisos pactados de antemano, cuanta menos incertidumbre mejor, por ello una buena solución es explicarle previamente que tiene que elegir cuatro o cinco cosas que no va a prestar a nadie, que se guardan en una estantería alta o en un armario, y el resto son para que todos jueguen con ellas sin protestar.
¿Hay que compartir? Sí, pero no todo.