Ha terminado el curso. Los alumnos se despiden de los profesores y compañeros de clase deseando un feliz verano, y se van a casa sin mirar atrás. 

Los libros de texto, con sus forros amarillentos y bordes rotos, son abandonados en un montón polvoriento, quizá para siempre. Las libretas de retorcidas espirales, la cartuchera con manchas de tinta, mochilas de asas descosidas. Todo queda atrás.

Excitados, los niños pisan la arena por primera vez en el año y se preparan para bucear olas espumosas, flotar en la piscina mirando las nubes, paseos por el campo con una orquesta de grillos y saltamontes, fiestas de primos y noches repletas de hogueras y meteoros. El verano es lo mejor del mundo.

Los profesores dejan de ser profesores y vuelven a ser padres divertidos, hijos y cónyuges, primos ellos también, camisetas holgadas y camisas de palmeras recuperan su lugar en el armario. Programan viajes culturales y leen novelas por la noche, olvidados los exámenes y las clases, las agendas, no quiero saber nada del bolígrafo rojo.

¿Y el colegio? Nadie se acuerda de él. No hay nada más triste que un colegio vacío, las aulas se ven más grandes, los pupitres ordenados provocan inquietud si nadie se sienta en ellos, la pizarra aguarda con paciencia, tiza y borrador preparados en su repisa. El gran patio, con sus porterías y canastas solitarias, se achicharra al sol sin que los gritos y juegos lo distraigan de su soledad. ¿Cuándo volvéis todos?, se pregunta.

Es el momento de las despedidas con buenos deseos y recomendaciones sobre la vida y el futuro, olvidados ya lo problemas de álgebra, los ríos de la península y el transportador de ángulos. Ahora toca vivir de verdad, observar el mundo y la naturaleza, hacer nuevos amigos y abrazar a los abuelos.

Son las contradicciones del verano.

 

"Comprenderás que en la vida hay tres tipos de personas: los que nunca se mueven, los que piensan que deberían moverse y los que se mueven. Espero que tú pertenezcas al último grupo"

Publicado por El HuffPost en Viernes, 23 de junio de 2017